martes, 13 de junio de 2017

TRATADO LAZARILLO




               UN NUEVO TRATADO

Sepa Vuestra Merced que yo, joven niño llamado Lázaro de Tormes, en mi infancia tuve que separarme de mi madre, ya que esta no podía hacerse cargo de mi y de mi pequeño hermano. Por ello, fui el lazarillo de un ciego que me trató bastante mal.
Terminé escapando del astuto ciego y anduve durante meses y meses en busca de un lugar donde poder ser feliz y con suerte encontrar a un amo que me acogiera y me cuidara.
Hasta que hace una semana llegué allí, la maravillosa Sevilla. Es un lugar que esconde rincones preciosos. Los habitantes de este lugar son muy generosos, ya que seguí mendigando para poder comer y ellos todos los días me solían dar una pieza de pan.
Me encontraba sentado en una oscura y fría esquina de una calle cercana al río.
Estaba en este lugar, ya que dentro de una media hora los comerciantes irían a las orillas del río y pondrían sus puestos.
Solía ir todos los días, porque uno de los comerciantes era tan amable, que cada vez que me veía me daba comida, mantas y algunos maravedís.
LLegó la hora, así que fui andando despacio hasta llegar al río.
  • ¡Usted es un estafador! - Gritó un hombre de la nobleza cuya ropa estaba impoluta y su cabello era perfecto.
  • Señor, estas mantas son de piel de un animal en peligro de extinción a esto se debe su elevado precio. - Respondió el comerciante honesto que siempre me ayudaba.
  • ¿Qué sabrás tú de pieles? Ya me encargaré de que la gente se entere de cómo es usted. - Insistió el noble, con un tono despectivo y una mirada fulminante.

Visualicé el caballo del noble y se me ocurrió una idea. Mientras el noble seguía gritándole al comerciante yo hice que su caballo se fuese asustado. Por lo que el noble se fue tras él.
  • Muchas gracias. - Contestó el comerciante.
  • Gracias a usted por haberme ayudado tanto. - Le respondí.
  • ¿Qué necesitas hoy?
  • Un poco de pan me vendría bien.
  • ¿Sigues buscando un amo? - Me Preguntó muy contento.
  • Sí, señor. ¿Por qué?
  • Yo podría ser tu amo, así vendrías conmigo vendiendo y me ayudarías bastante.

Desgraciado de mí, acepté, sin saber qué pasaría después. La primera semana me daba de comer a cambio de mi ayuda. A partir de la segunda semana comenzó a abusar de mí. Él ya no trabajaba, ya que lo hacía yo todo por él. No me daba de comer y todo lo que ganaba tenía que dárselo.
Hasta que un día, decidí levantarme temprano, le dije que iba a trabajar. Pero en lugar de esto, me marché con su negocio y regalé todas las mantas.
Cuando él se enteró ya fue demasiado tarde, ya que yo ya estaba en la provincia de Cádiz.

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